Byrme, Episodio II: ‘El porqué’

El problema de las intolerancias alimenticias no es el que crees.

El otro día un grupo de amigos quedábamos para ir a ver un concierto.

-¿Cenamos antes?
– Sí. Justo delante de la sala han abierto un sitio de ‘focaccias’.
– Perfecto.

(…)

Yo, que soy celiaco y no puedo ni mirar la carta en un sitio como ese, en ese instante, tengo las alternativas que he tenido siempre:

  1. Levantar la mano y decir: ‘Yo ahí no puedo comer nada, ¿podemos cambiar el plan?’ (Ya está el rarito incordiando a 10 personas que tenían un problema resuelto).
  2. Callarme, cenar en mi casa y no formar parte del plan o, al menos, no disfrutarlo en plenitud; porque a nadie le gusta tomarse un Bitter Kas mientras tus amigos cenan. Por lo que sea…

Esta situación es más habitual de lo que los muggles (gente no intolerante) podéis imaginar. Y todas las veces, sin excepción, genera un cierto grado de ansiedad.

El problema de las intolerancias no es no poder llevarte a la boca un determinado alimento.

El problema de las intolerancias es de orden psicosocial y de inclusión.

Es viajar o acudir a un evento sin saber si a donde vas hay comida apta. Imagina llegar a una conferencia profesional y no saber si vas a poder alimentarte (obtener energía básica) durante todo el día. ¿Cómo crees que vas a relacionarte ese día?

Es no poder improvisar, porque decidir sobre la marcha que te quedas a ‘tapear’ con los colegas es, normalmente, no cenar.

Es tener que ver resoplar al camarero del restaurante cuando le adviertes de tu condición. (‘Pues… a ver…’).

Es condicionar cualquier encuentro social o profesional; no sabemos la cantidad de cosas que hacemos utilizando la comida como catalizador hasta que ese catalizador no se convierte en criptonita.

Lo repito: el de las intolerancias es un problema psicosocial y de inclusión. Y como tal afecta a la salud mental y al correcto desarrollo de las personas, en todos los ámbitos.

Ese es el impulso de Byrme y otras iniciativas similares que estoy diseñando estos días: encontrar medios que permitan mitigar esa incertidumbre y, de alguna manera, rebajar los niveles de ansiedad asociados. Si, además, en el camino, soy capaz de hacer un mínimo trabajo de concienciación, habré cumplido con mi misión con creces.

Volviendo al diseño de la app. Una de las tareas iniciales en cualquier proceso de diseño es una fase de investigación que incluya lo que se conoce como investigación secundaria. Buscar en la literatura científica, en las estadísticas, en, en definitiva, lo que ya existe, datos sobre nuestros usuarios y los problemas que enfrentan. Esto, además de ayudarnos a plantear soluciones de diseño a esos problemas, nos ayuda a contrarrestar nuestros sesgos.

¿Puede que sea yo el único que ve esta problemática desde este prisma?

Resulta que existe una buena base científica que documenta este problema, pese al desconocimiento o falta de empatía reinante en nuestra sociedad (al menos la española, que es en la que yo estoy inmerso).

Te dejo tan sólo uno de esos ejemplos:

https://www.researchgate.net/publication/298733110_The_psychosocial_impacts_caused_by_diagnosis_and_treatment_of_Coeliac_Disease

Gracias por leer.

¡Seguimos!

Si te gusta, comparte:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio